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lunes, 18 de mayo de 2009

Oye, ¿qué precio tengo?


Piensas venderme. Puedo enterarme o no. Pero tú siempre lo sabrás. Tú siempre sabrás que te has traicionado. Puedes venderme y decírmelo. Lloraría. Seguro que lloraría. Y la escala de colores cambiaría del negro más impenetrable al más esperanzador de los azules. Pero tú... Tú llorarías más que yo. Porque no eres el diablo. Eres un hombre. Un humano. Y los humanos son bestias civilizadas. Y así tiramos por la borda todos los tesoros de...oh, déjame pensar, algún abordaje sin valor. Uno cualquiera. Aquel que nos lo dió todo. Aquel que moriría y muere por nosotros cada noche, cada día.

Si muero, tal vez resucite. La purga staliniana sobre todas mis pesadillas ¿será posible?

No quiero pesarlo. Pensarte será una tortura.

Los tesoros no vienen solos, son pesados y abundantes. Caen al mar como terribles cadáveres, dispuestos a hundirse para tus ojos.